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Fragmentos de lo eterno
I
Hay un mar de arenas y de lunas
y aroma a viejos jardines,
un sol húmedo de río
y un viento espeso que transcurre.
Hay ausencias que duermen en los muros
y una luz que grita en lo profundo,
un tiempo eterno, que inmóvil, sólo observa
y un tiempo inmóvil, que eterno, también muere.
Hay huecos de memoria sin orillas,
crepúsculos todos de olvidados deseos,
un sabor dulce serpenteando entre recuerdos
y uno amargo, que siempre regresa.
Hay, más allá de la mirada ciega
sordos ritmos de acordes gastados,
contornos difusos, petrificadas huellas,
de pasos, de gestos y de sílabas con caricias.
Y escondidos, acechando entre penumbras
hay negados placeres solitarios
cuajados en esperanzas
que se dejan soñar.
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